No nos vamos a engañar: el panorama mundial flagrante no invita al optimismo, eso está claro: pero de ahí no poder dejar de absorber noticiero negativas, hay un trecho. De eso precisamente se prostitución el denominado doomscrolling: ocurrir demasiado tiempo revisando noticiero que solo hablan de lo mal (o pésimo) que van las cosas.

Puntada con revisar Google Trends para visualizar cómo se popularizó este término. Fue en noviembre de 2020 cuando la palabra alcanzó sus niveles máximos de búsqueda en Estados Unidos, es afirmar, ocho meses posteriormente de la alerta del organismo de vitalidad internacional.

Mujer joven con expresión de preocupación mientras revisa su celular.
Ivan Pantic/Getty Images

Es verdad. ¿Quién no se vio en el tiempo de chiquero en una navegación obsesiva por un sinfín de artículos o publicaciones negativas que, allá ofrecer herramientas para tomar decisiones, provocaban sentimientos de impotencia o tristeza? A pesar de que es posible rebuscar esta porte (o doomscrolling, por tratar de dar una definición adelantada), ¿quién ha dejado el celular para tomar una breve caminata o analizar una novelística? El confesionario está amplio.

¿Qué es el doomscrolling?

En una entrada de 2020, en su sección “Words We’re Watching”, el diccionario Merriam-Webster explicó que doomscrolling y doomsurfing son términos que se refieren a la tendencia de seguir navegando por malas noticias, a pesar de que sean tristes, desalentadoras o deprimentes. “Muchas personas se encuentran leyendo continuamente malas noticias sobre COVID-19 sin la capacidad de detenerse o dar un paso atrás”, se lee en la publicación.

Doomscrolling ha prevalecido porque el consumo de artículos o reportes se da en la actualidad desde la palma de la mano, desde el teléfono inteligente, en el cual el gesto de scroll (desplazamiento en vertical en el display) es necesario para ir de una sección a otra. Doom —el otro componente del vocablo— se podría reducir a “perdición” o “fatalidad”.

Si se quiere marcar su origen en internet, por lo menos se tiene que ir a 2018, cuando @Callamitys publicó un tuit en el que mostraba su intención de tomarse un descanso del doomscrolling.

Aun así —con todos los abriles que ha estado circulando en lo digital—, Google dijo que se buscó más que nunca en todo el mundo en 2021. “Consiste en consagrar una cantidad excesiva de tiempo a analizar noticiero negativas en redes sociales en momentos difíciles”, manifestó la firma en otro intento por conceptualizar el término.

Dominio del doomscrolling

¿Son los momentos difíciles o los tiempos convulsos el demarcación valentísimo para el doomscrolling? Así como parece inapelable ignorar una notificación entrante en el celular, incluso resulta casi inútil no querer enterarse del avance de COVID-19 o la hostilidades de Rusia en Ucrania, lo que conlleva a revisar numerosos artículos que “aparecen” en los distintos feeds.

Esa seguridad que proporciona el estar informado se combina con el operación que cada uno lleva en sus dispositivos, lo que da como resultado una repertorio de publicaciones (con malas noticiero) que enganchan, efectivamente, al naturaleza de ocurrir más tiempo del que se debería frente a la pantalla.

De acuerdo con la BBC, estudios recientes corroboran el vínculo de la ansiedad y la depresión con el consumo de información relacionada con COVID-19 y el aumento del tiempo que se pasa en los smartphones.

Pamela Rutledge, directora del Media Psychology Research Center con sede en California, declaró a la publicación que el doomscrolling solamente describe la escazes compulsiva de las personas de tratar de obtener respuestas cuando tienen miedo. “Estamos biológicamente impulsados a atender eso”, acotó.

Hombre viendo su celular
Morsa Images

No menos importante es que el periodismo juega con esa escazes, en peculiar con titulares que buscan designar la atención de los lectores a toda costa, en opinión de la directora.

Siquiera se puede ignorar todo el impulso que tuvieron las distintas teorías de la conspiración durante la emergencia sanitaria, sustentadas en el argumento del supuesto poder que se tiene de conocer cierta información que otras personas desconocen.

En otras palabras, el doomscrolling sí lo tiene todo para seguir germinando, como el tiempo de los usuarios, la accesibilidad de los artículos en distintas plataformas y, sobre todo, una situación inédita —ya sea la emergencia sanitaria o la hostilidades en Ucrania— que motiva a querer estar informado de forma constante. Sin requisa, incluso se le puede revertir.

Un stop al doomscrolling

Una persona practica yoga en la sala de su casa con una de las mejores aplicaciones para meditar

El sitio Happiful, dedicado a compartir historias sobre vitalidad mental, da una serie de recomendaciones para atacar ese circulo vicioso que puede ser el doomscrolling, desde inquirir actividades que hagan observar positivo a cada uno hasta establecer tiempos para revisar el teléfono.

  • Hacer las mañanas sagradas. Parece poco popular revisar el celular luego de que suena el despertador, sin requisa, ¿qué pasaría si esos primeros minutos se ponen como libres de internet? ¿No sería más benéfico utilizarlos para meditar, por ejemplo?
  • Establecer un tiempo para revisar el teléfono. No por el hecho de que esté siempre al gravedad, en el escritorio o en el saquillo, quiere afirmar que se deba encender sin control. Sin considerar las mañanas temprano y antaño de copular (si es posible), lo mejor es establecer ciertos momentos del día para echarle un ojo al teléfono, como en el refrigerio o posteriormente de encamar a los niños. Y, para que el doomscrolling no se haga presente, es conveniente asignarle a esta actividad lapsos de 20 o 30 minutos.
  • Conocer cómo se siente cada uno. No es una cosa sin importancia el preguntarse cómo se siente cada uno con más frecuencia (y más cuando se identifica esa escazes compulsiva de revisar el móvil). Se recomienda la mañana para eso, pero cualquier momento es bueno, en existencia. ¿Es aconsejable un diario con el propósito de procesar esos sentimientos? Sí, al igual que la meditación u otra útil (sea cual sea, solo es imprescindible acogerse a ella a menudo).
  • Usar la ciencias aplicadas de “stop”. Si de pronto se cae en el círculo del doomscrolling, lo mejor es afirmar en voz adhesión: “¡Detención!”, dejar el celular, mover el cuerpo e ir a otra habitación (lo que cambiará el estado físico). Lo que sea para retornar al aquí y al ahora.
  • Encontrar una actividad que reemplace al doomscrolling. ¿Qué tal retomar o comenzar un volumen? ¿O designar o textear a un amigo para memorizar cómo se encuentra? La idea es encontrar poco que dé la sensación de bienestar, con la intención de que se convierta rápidamente en un pasatiempo o un traje positivo.
  • Inspeccionar sitios edificantes. Lo mejor es hacer una repertorio de aquellas páginas o redes sociales que ayudan a sentirse más positivo, con la promesa de visitarlos de modo regular. Se deben ver como un “contraveneno” cuando la desesperanza se presente y se necesite un empujón.

Impedir el doomscrolling es una modo de tomar el control, aunque está aceptablemente guarecer si se requiere de más ayuda, como acogerse a un profesional con el fin de explorar los pensamientos y sentimientos en un círculo seguro, concluye Happiful.

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Por TERABITE

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